miércoles, 1 de febrero de 2012

España: Mirandés nunca se rinde


Anduva se vacío de forma alegre a medianoche, desfilando la gente con el orgullo de saber que la historia ya está escrita y que puede haber más hazañas. En años se hablará de este Mirandés gigantesco, leyenda del fútbol menor que por momentos se equiparó a los grandes y cuyo límite parecía marcado hasta que Lambarri, sobre la bocina, alimentó la esperanza. Queda la vuelta en San Mamés con toda la ilusión que conlleva para ese pueblo y habrá partido después de revivir ante un Athletic sorprendido por el petardazo final. A las puertas de la final, el Mirandés mantiene el hechizo y ha soñado tanto que compensa el enfrentarse a la realidad. Anduva ha sido lo más parecido al paraíso en esta Copa del Rey. Se despidió ayer con honor.

Al Mirandés le pesó más de la cuenta el enésimo partido de su vida, repetida la historia en los cruces con Villarreal, Racing de Santander y Español. Siempre hubo final feliz, noches de jarana en Miranda del Ebro para olvidar otras penas. Todo sonrisas, todo abrazos, todo agradecimientos para unos jornaleros del balón que han iluminado a una ciudad de apenas 40.000 habitantes azotada por el paro. El fútbol, aunque sea efímero, compensa esos dramas.

Ahora toca el «podemos» y recurrir a las frases hechas del deporte, pero, pese a todo, el Athletic dio un paso tan grande que hubo cierto chasco en Anduva, convertido en un infierno y cuya mística se equipara a los mejores escenarios del planeta. En su salida alocada, completamente desmelenado, el Mirandés propuso un duelo sin tregua y acabó entero y apretando. Tiene muy buenas maneras este equipo de Segunda B que encumbra los ideales de Carlos Pouso, un entrenador que salta desde el anonimato y propone con gusto desde un fútbol que no tiene espacio en los medios. Cuida la pelota, es solidario, tiene ambición y futbolistas que aspiran a más. Pablo Infante es el famoso, el hombre de los goles, una calva reconocible porque también brilla en las oficinas de una sucursal bancaria, pero hay muchos más que merecen su cuota. De todos es esta gesta a la que todavía le queda un capítulo por contar.

El sello de Bielsa
El problema es que chocó contra el Athletic en su torneo, en la Copa del Rey, tan nostálgicos en San Mamés que están como locos por sacar de una vez la gabarra. Los vascos también jugaban, matiz que seguramente olvidó medio país porque el Mirandés se ha ganado la simpatía de casi todos, y casualmente lo hacen muy bien, serios y comprometidos, aliviados ahora que tienen un seguro de vida con Fernando Llorente. Después de sus tres goles en Vallecas, el delantero festejó por partida doble antes del descanso y marcó el desenlace. Le observó Vicente del Bosque desde el palco y le regaló un tanto de cabeza, salto hasta el cielo como si fuera un pívot, y otro de recortes y disparo.

Bielsa ha definido con trazo el estilo de este Athletic atrevido. Prueba cosas porque siempre inventa y agradece el contar con jugadores como Muniain o De Marcos, hombre de moda que apunta muy alto. Salió con todo, desconfiado, y por momentos tuvo ración doble de trabajo en el segundo tiempo. El Mirandés corrió como si no hubiera mañana, rozó el gol primero con un disparo tremendo de Mújika y luego con un remate de Caneda que exigió a Iraizoz y quiso darle sentido a la vuelta con tres recambios netamente ofensivos. Al Athletic, reducido, se le privó de un tanto por fuera de juego de Muniaín que no lo era por tres metros y se quedó helado con el tanto de Lambarri cuando ya se veía en la final. Pesa mucho el 1-2, pero el Mirandés ya lo ha hecho otras veces. Se merece una jornada de recuerdos en San Mamés después de una fiesta en Anduva con premio en el cierre.