
El Real Madrid recuperó la gracia. El Barcelona conservó su imperio. El planeta celebra el mejor clásico de los últimos tiempos. Sin embargo, no se termina la guerra subterránea, el cruce de inquinas entre ambas trincheras. El arbitraje de Teixeira Vitienes alimenta el cainismo. Reactiva incluso la amenaza a la selección española.
Mourinho, en el juego constante de bajamar y pleamar, regresa resucitado del Camp Nou. El partido devuelve a su hinchada el orgullo perdido en el encuentro de ida. Los errores arbitrales, supuestos o evidentes según se quiera, refuerzan su mensaje. El luso recupera el papel de ariete contra las fuerzas malignas conjuradas contra el Real Madrid. En ese escenario de "nosotros, contra el mundo" se maneja con soltura. El enemigo externo aplaca el cisma que su figura empezaba a provocar en la afición. Rehabilita la cohesión del vestuario. Ramos y Casillas, los protagonistas de la filtrada discusión con el técnico, señalados como sospechosos en la caza del topo, le regalaron ayer una tarta a Mourinho, que cumplía 49 años. Ramos escribe en su twitter: "¡Felicidades Mister! Encantado de tenerte". Quizás la respuesta al susurro previsiblemente cariñoso del luso cuando fue expulsado.
La supuesta decisión de Mourinho de irse en junio pasa a segundo plano. Se diluye la controversia de su presunta manía a los internacionales españoles. Es en el seno de la selección donde renace la discordia. Ramos vio la segunda amarilla a causa de un forcejeo con Busquets. Otro twitter del andaluz: "Me alegra que el club recurra mi segunda tarjeta amarilla porque, a pesar de que algunos no paren de revolcarse, ni le toco".
El sentimiento de indignación era tan palpable en la plantilla al final del encuentro que Mourinho, estratega de la comunicación, no consideró necesario agitar el memorial de agravios en la rueda de prensa. El Mundo Deportivo, sin embargo, lo cazó en el parking del Camp Nou esperando a Teixeira Vitienes. "Vaya artista, cómo te gusta joder a los profesionales", escriben que le espetó.
No fue el único improperio que recibió Teixeira. La COPE indicó que un madridista le había dicho en el túnel de vestuarios: "Ahora te irás de fiesta con el Barça". Casillas confesó la autoría en la zona mixta: "Sí, fui yo en un momento de calentón". Cesc no se le reprocha: "Iker es un gran capitán, Si ha dicho eso es porque lo cree oportuno y lo piensa. Le tengo mucho respeto".
El Barça tiene una visión diametralmente opuesta. "Nosotros pensamos otra cosa, cada uno defiende lo suyo", sostiene Cesc. En la argumentación, el bando azulgrana se mueve entre esa tibieza diplomática y el latigazo de Alves, que califica las quejas rivales como "excusas de perdedor". El trofeo irrefutable es el éxito en la eliminatoria, a la espera de nuevas batallas.