
Por mucho que la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría enmendara la plana al ministro Montoro -el primero en poner en tela de juicio la posibilidad de cumplir el objetivo de embridar el déficit y reducirlo este año al 4,4 %-, asegurando que el propósito es «irrenunciable», la idea de que nos quedaremos lejos de la meta se abre paso cada vez con más ímpetu. Incluso, en las filas del Ejecutivo. Aunque, de momento, y oficialmente, siga en sus trece.
«El objetivo de déficit del Gobierno en estos momentos es el 4,4 % del PIB y no hay ninguna modificación al respecto», dijo ayer en Bruselas el responsable de Economía, Luis de Guindos.
También quiso dejar claro otra cosa: «España no tiene ni va a tener problemas de solvencia y liquidez si hace las reformas anunciadas, y si llevamos a cabo nuestro plan de ajuste no se necesitará un plan de rescate»
Pero el FMI puso ayer patas arriba los planes de Rajoy. El Fondo dibuja para España un panorama sombrío, por lo menos, hasta el 2014. Le augura dos años en el pozo de la recesión: una caída del PIB del 1,7 % para este año y otra del 0,3 % para el que viene.
La pescadilla
Y, con esos mimbres, la meta se antoja inalcanzable. La ecuación es simple: menos crecimiento significa menos actividad, menos consumo, una caída de los ingresos fiscales y, por lo tanto, mayores dificultades en el ajuste de las cuentas. La solución: más agujeros en el cinturón. Pero, ojo, porque la pescadilla se muerde la cola: recesión y ajuste fiscal se retroalimentan. Lo advierte el propio FMI: «Mayores ajustes pueden acarrear efectos indeseables sobre el crecimiento». Y abunda en la misma idea al asegurar que «un mayor ajuste durante una recaída puede exacerbar más que aliviar las tensiones de los mercados por su impacto negativo en el crecimiento».
Aunque el organismo reconoció ayer, por boca de su economista jefe, Olivier Blanchard, que «está claro que el Gobierno tiene el compromiso de intentar hacer lo que se necesita hacer», e insistió en que «las señales hasta ahora son buenas», no pierde de vista que Rajoy se enfrenta a una tarea de titanes y le recordó al Ejecutivo que esto de rebajar el déficit «es un maratón, no un esprint».
De momento, el FMI vaticina que España cerrará este año con un agujero en sus cuentas del 6,8 %, que en el 2013 se habrá achicado tan solo hasta el 6,3 %. Es decir, que no bajará del 6 % en los dos próximos ejercicios y se quedará muy lejos de lo prometido a Bruselas. A saber, que el déficit no debería superar el 4,4 % del PIB este año, ni el 3 % el próximo.
Y por si cabía alguna esperanza de que Bruselas abriera la mano y se aviniera a relajar los plazos -hasta el FMI convino ayer en que sería deseable- el comisario europeo de Economía, Olli Rehn, las pisoteó todas, rechazando de plano cualquier cambio en las sendas pactadas, en línea con las tesis de la canciller Merkel.