
acostumbrado a ser siempre extremadamente intervencionista desde el banquillo, Pep Guardiola ha girado ahora el foco. También interviene, y cada vez con más frecuencia, desde la sala de prensa, refugiándose en la ironía cuando es necesario («la Liga no la ganaremos», repitió el domingo con contundencia tras derrotar al Atlético) y dejando en cada comparecencia mensajes encriptados que van desde su renovación -sigue dudando, no sabe qué hacer-hasta esos 10 puntos de diferencia que ha adquirido el Madrid.
Guardiola no solo habla. También interviene en el campo (sentó a Alves en el banquillo en la eliminatoria copera con el Valencia, envió a Piqué a la grada de Leverkusen y le dio el disfraz de suplente en el Calderón) porque no quería que el equipo se abandonara. La derrota en Pamplona (ahí pasó el Barça de siete a 10 puntos) marcó la frontera para el técnico, quien intensificó su nuevo plan, abriendo incluso vías desconocidas para el entorno azulgrana.
Sin ir más lejos, esas dudas razonables sobre su continuidad que se encargó él mismo de destapar hace poco más de una semana, justo antes de recibir al Valencia, pero en la Liga. Ahí también se produjo un sustancial giro en su discurso. «Tranquilos, sé lo que me hago», decía en los primeros días de enero. «Todavía no lo tengo claro», anunció a mediados de febrero. «¡Basta ya! Es un tema cansino», se quejó el pasado sábado.
REACCIÓN DEL EQUIPO / Mientras el Madrid se iba alejando, Guardiola empleaba terapias de choque para evitar que el Barça, enfrentado a una situación realmente insólita (ir por detrás, algo que no había sucedido en los tres últimos años y medio), no se deprimiera. No únicamente por la pérdida de la Liga, sino porque eso afectaría al camino del equipo tanto en Europa (tiene casi asegurado el pase a cuartos tras el 1-3 de Leverkusen) como en la final de Copa.
La respuesta de los jugadores ha sido rotunda, comenzando por su estrella Messi. Desde la frontera de Pamplona, y con el agua al cuello en la Champions y en la Liga, el Barça ha encadenado tres victorias consecutivas (Bayer, Valencia y Atlético), logrando 10 goles a favor y encajando solo tres. Messi ha sido el primero en ponerse delante de sus compañeros -y no solo con palabras- para reclamar la continuidad del técnico como mejor sabe. Seis goles ha marcado el delantero argentino en los tres últimos decisivos encuentros. Esa es la réplica de Messi, y de la plantilla, a las dudas de Guardiola.
CONCIENCIA TRANQUILA / Esa evolución, sin embargo, del mensaje de Guardiola se ha ido acentuando en las últimas semanas. No habla de los árbitros, ni los cita, pero se le entiende todo, fatigado como está el técnico porque entiende que esos 10 puntos de diferencia no se miden únicamente por la calidad del fútbol. Se refiere Guardiola a «muchas cosas», pero no quiere precisar ninguna, obsesionado, eso sí, en terminar estos tres meses que quedan de temporada «con la conciencia tranquila». Dijo el domingo que no ganaría el Barça la Liga, pero eso no implica rendirse. Ni mucho menos. Hace casi 20 años, Cruyff dijo casi lo mismo y, al final, el Barça se llevó el título.
«AHORA NO TOCA» / Como de Guardiola se interpretan hasta los silencios, sobre todo cuando se alarga tanto su renovación, le tocó descodificarlo a Carles Vilarrubí, el vicepresidente del Barcelona. «Hay un momento en el que la sucesión de situaciones y clima hace que no toca. No toca que, por cuarto año consecutivo, este equipo demuestre en España un liderazgo absoluto», dijo ayer el directivo a Catalunya Ràdio. «Nos encontramos que hay partidos que se juegan dentro del campo y hay partidos que se juegan fuera del campo», añadió Vilarrubí.
El ejemplo de Messi, que vio la quinta amarilla y no jugará el sábado, coincidiendo con que Pepe, el central del Madrid, también cumple su primer ciclo de amonestaciones fue el otro mensaje de Guardiola. Lo que no entenderá el técnico, pese a lo que dijo el domingo, es que el Barça dimita de la Liga. Por eso, juega en el campo (en el Calderón arriesgó con tres defensas para ganar) y fuera para emular a su maestro Cruyff.