
Tres décadas después de la guerra con el Reino Unido en las Malvinas, Argentina ha logrado mayor respaldo latinoamericano a su reclamación sobre la soberanía de las islas situadas en el océano Atlántico, frente a las costas del país sudamericano.
En los últimos años, en contraste con la década de 1990, la estrategia diplomática argentina se ha centrado en instalar con fuerza la «cuestión Malvinas» en los foros internacionales y como uno de los temas más importantes de defensa regional sometidos a debate en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
El litigio, que data de 1833, cuando tropas inglesas expulsaron a la población argentina de las islas, fue además instalado en la agenda de la sexta Cumbre de las Américas del 13 de abril próximo, en Colombia, lo que puede suponer un dolor de cabeza para Estados Unidos, que optó por apoyar a los británicos en la guerra de 1982.
Argentina también ha aprovechado la condición de «potencia nuclear» del Reino Unido para ponerlo bajo permanente sospecha de despliegue de armas nucleares en el Atlántico sur, un asunto muy sensible a los intereses suramericanos.
El apoyo de EE.UU. a Londres echó por tierra al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) de defensa ante ataques externos, firmado en la Organización de Estados Americanos en 1947, en los inicios de la «guerra fría» con el comunismo soviético.
Con la llamada «Doctrina Monroe», EE.UU. había prometido ponerse del lado de los territorios americanos en caso de un conflicto contra un poder colonial, como es el caso del Reino Unido, su histórico aliado europeo.
Desde mayo pasado, la Unasur debate «una doctrina de Seguridad y Defensa de América del Sur para América del Sur» para proteger sus intereses y sus grandes riquezas naturales.