miércoles, 29 de febrero de 2012

La cruel saga de los Al Assad



La temida Cuarta División Acorazada, liderada por Maher al Assad, hermano del presidente Bashar, fue desplegada ayer en Homs en lo que parece la antesala de una ofensiva terrestre contra los barrios insurgentes de la ciudad. Esta unidad de élite despierta el pánico entre los opositores por su reputación: desde el inicio de las protestas, ha estado a cargo de la represión en ciudades rebeldes como Deraa o Yisr al Shugur. Los propios combatientes de esas tropas especiales se recrean en el terror que inspiran, pintando en sus blindados el lema «Monstruos de la Cuarta División».

El régimen sabe que esta es su unidad más leal. Ante el temor a las deserciones en el Ejército —40.000, según diplomáticos turcos—, Bashar al Assad sabe que puede confiar en la firme actuación de su hermano. Mientras Bashar gobierna, Maher mata.

Y todo ello tiene un extraño carácter de «déjà vu», de historia que se repite. Porque, hace exactamente treinta años, las tropas de élite dirigidas por Rifaat al Assad, hermano del entonces presidente sirio —Hafez al Assad— lanzaron un brutal asalto a otra ciudad que se había levantado en armas contra el régimen. Entonces como ahora, el hermano del líder adoptaba el papel del verdugo. La artillería y los blindados de Rifaat arrasaron la ciudad de Hama, donde los Hermanos Musulmanes habían organizado una rebelión armada y ejecutado a las autoridades civiles y militares.

Cuando el 28 de febrero de 1982 comenzó a disiparse la humareda de los combates, emergieron los escombros de una ciudad arrasada hasta los cimientos. Y entre las piedras, miles de cadáveres (entre 5.000 y 10.000, según el historiador británico Patrick Seale). A los pocos días, el régimen invitó a decenas de periodistas a observar la devastación, de la que Rifaat se mostraba orgulloso. Se trataba de lanzar un mensaje al mundo, lo que el entonces corresponsal del «New York Times» en Beirut, Thomas Friedman, denominó «las reglas de Hama»: la necesidad de los gobernantes de Oriente Próximo de ser despiadados para mantenerse en el poder.

Una lección muy bien aprendida por los Al Assad. Hoy, la implacable represión de la revuelta se extiende a una decena de ciudades, incluida la propia Hama, donde ayer al menos veinte personas murieron por los bombardeos. Aunque es Homs, donde los muertos se cuentan a diario por decenas, la que es denominada la nueva Hama.