jueves, 8 de marzo de 2012

Romney enfrenta una larga batalla


El día en que el moderado Mitt Romney logre superar su maldición celebrará como pocos. Pero, por ahora, el ex gobernador de Massachusetts parece condenado a ganar, muy despacio y con matemático aburrimiento, los delegados que necesita para lograr la candidatura presidencial de los republicanos sin despejar las dudas que proyectan una débil imagen de candidato.

"Voy a invertir en este esfuerzo hasta mi último cartucho" fue la paradójica frase con la que sintetizó su condición de tibio ganador del "supermartes" , tal como de denomina a la jornada de múltiple votación en su partido.

La sentencia aludió, precisamente, a lo trabajoso que le resulta un proceso que, hace pocos meses, imaginó como poco menos que un paseo de rosas rumbo a la gloria.

El ex gobernador de Massachusetts se impuso en seis de los diez estados en pugna del "supermartes" republicano, pero con un margen mínimo -de 38 a 37%- sobre su principal adversario, el conservador Rick Santorum, lo que demuestra dudas de su electorado .

Con el agua al cuello, si algo empezó ayer fueron las maniobras para tratar de que alguno de los cuatro aspirantes deje la carrera y facilite el surgimiento de una candidatura más sólida.

Hubo maniobras en tal sentido desde los cuarteles de los dos principales competidores, Romney y Santorum. Pero los otros dos, Newt Gingrich y Ron Paul, no dieron signos de darse por aludidos.

Si algo logró el "supermartes" fue confirmar lo que se sospechaba y agregar poco elemento nuevo.

Romney ganó donde lo esperaba: en Virginia, Vermont, Massachusetts e Idaho. Aunque no hace mayor diferencia, tuvo una grata sorpresa en Alaska y un demasiado estrecho triunfo en la disputada Ohio.

Santorum, un devoto católico, logró cómodos triunfos en Tennessee y Oklahoma, en ese medio oeste que tan fiel le ha sido hasta el momento, y una victoria por sorpresa en Dakota del Norte.

El ex titular de la Cámara de Representantes Newt Gingrich selló un apabullante triunfo en Georgia, su tierra natal, mientras que Ron Paul sigue sin ganar en ningún lado y mantiene una candidatura que, a estas alturas del partido, es absolutamente testimonial.

De cara al futuro inmediato, lo que se espera son más dolores de cabeza para Romney: vienen elecciones en la zona sur del país y ése ha sido, hasta ahora y con la excepción de Florida, un territorio esquivo para su suerte.

"No hubo knock out ", fue la gráfica expresión con la que The New York Times describió la jornada. En un intento de revertir esa percepción, el comité de campaña de Romney insistió en la "inevitabilidad" de su candidato. "Sólo un acto divino" podría arrebatarle la victoria, comentó uno de sus miembros, al llevar las cosas a extremos.

Salvó su condición de favorito, pero sigue siendo un blanco fácil para el castigo. El jefe de campaña para la reelección del presidente Barack Obama no perdió tiempo. "Si algo vimos crecer ayer fue la insatisfacción y la falta de entusiasmo entre los republicanos", dijo Jin Messina.

En su condición de principal adversario, Santorum no parece dispuesto a ceder terreno. De hecho, una de las novedades del día fue la presión de sus partidarios para que Gingrich abandonara la contienda y, con eso, ayudara a unificar votos en favor de su hombre. "Es hora de que deje de torpedear la posibilidad real de una alternativa republicana", dijeron. Pero, hueso difícil de roer, el ex representante no quiso saber nada.

"Iremos a Alabama, iremos a Mississippi, iremos a Kansas, y eso solamente esta semana", dijo el político de 68 años, al referirse a las primarias del próximo martes.

No se trata, precisamente, de escenarios prometedores para Romney. Nadie quiere bajarse, todavía.

Hasta ahora, Romney tiene 415 delegados para la convención partidaria de agosto, Santorum, 176; Gingrich, 105 y Paul, 47. Hacen falta 144 para lograr la nominación del partido.

Romney acumula triunfos en trece estados; Santorum se impuso en seis, mientras que Gingrich logró victorias en dos. Paul es el único que no logró victoria alguna..