
Primero fue el candidato a la reelección, Nicolas Sarkozy, y detrás de él, el candidato socialista, François Hollande, y la candidata de la ultraderecha, Marine Le Pen. Para los tres parece que sólo existe un país, una crisis y un modelo al que no seguir: España.
Desde hace unas semanas, pero especialmente en los últimos días, no hay rueda de prensa, comparecencia, mitin o aparición pública de Sarkozy en la que España no se convierta en su protagonista.
El jueves, en una intervención ante 400 periodistas, el presidente francés cargaba con contundencia contra la España de Zapatero, pero también dejaba caer las dificultades económicas que atraviesa España.
"Siete años de Gobierno socialista" tienen la culpa de la profunda crisis en España, ha señalado. Y ha añadido: "No hay un francés que desee la situación que han conocido los griegos y que ahora conoce España".
No habían pasado ni 24 horas de la presentación de su programa electoral, cuando en una entrevista en la televisión francesa España volvía a ser mencionada, esta vez con más dureza si cabe.
"¿Cree que los franceses tienen ganas de estar en la situación de Grecia, en la situación de España", espetaba Sarkozy, y añadía: "no hay un francés que desee la situación que han tenido los griegos y que ahora tiene España", caracterizada por "la incapacidad de cumplir con los compromisos" y "la crisis de confianza".
Las palabras del candidato a ocupar de nuevo El Eliseo provocaban la indignación de los socialistas españoles que lo consideraban un ataque directo a España y exigían al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que pidiera a Sarkozy que no nombrara a España.
Según la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, "cuando un jefe de Estado extranjero ataca de esta forma a la economía española lo que se espera de un Gobierno responsable es que salga al paso, y no que lo aplauda".
Sin embargo, en opinión del PP, el presidente francés ha criticado las "políticas socialistas de gasto desenfrenado" en plena campaña electoral para "advertir a los franceses de la posible victoria de Hollande". Para Floriano, "el análisis de Sarkozy es el retrato de la situación en que han dejado a España las políticas Zapatero, después de ocho años, con un gasto de 90.000 millones más que los ingresos y 25.000 millones más de lo comprometido con Bruselas".
Aún así, al repunte de la prima riesgo, que el jueves cerró por encima de los 400 puntos básicos, y las pérdidas de la Bolsa española tras presentación de los Presupuestos Generales del Estado 2012, había que sumar las críticas de Sarkozy.
Sin embargo, y viendo que las palabras del presidente francés no quedaban en el olvido y eran recogidas por gran parte de la prensa, François Hollande también ha querido utilizar a España como arma de doble filo.
En el caso del candidato socialista no ha sido para atacar a España sino para utilizarla como arma arrojadiza contra su contrincante. "Cuando uno es jefe de Estado, eso no se hace. Como candidato, yo tengo respeto", ha señalado.
Y remercaba que él nunca afirmará que "Sarkozy ha dejado a Francia en la misma situación que nuestros vecinos". "¿Quién perdió la triple A [máxima calificación crediticia]? Ésa es la Francia que deja Sarkozy a la cabeza", se ha cuestionado.
Pero quedaba la tercera en discordia: La candidata ultraderechista a las presidenciales francesas, Marine Le Pen. España volvía a salir a colación de manos de Le Pen, pero en su caso para utilizarla como ejemplo en contra de la Unión Europa.
"Esta moneda única está provocando la caída de España después de haberlo hecho con Grecia, Irlanda y Portugal", afirmó, antes de insistir en que "España es la nueva víctima del euro, de nuestra moneda, y se encuentra frente a nuestras puertas".
Durante gran parte de la hora que duró su discurso, arremetió contra el euro, moneda de la que "hay que deshacerse" porque es una herramienta para crear una "Europa federal y liberticida".