jueves, 24 de mayo de 2012

Masiva participación de egipcios en elecciones


Bullicio, cláxones, ambiente festivo, una multitud en las calles? Egipto vivió así el primer día de votación para elegir al sucesor del depuesto Hosni Mubarak. Y las palabras más repetidas fueron normalidad y escasos incidentes en los primeros comicios democráticos, posibles gracias a la revuelta popular.

Por la mañana, pocos se paseaban con el dedo ennegrecido por la tinta, signo de que habían votado. Pero conforme avanzaba la tarde y disminuía el calor, las colas crecieron y se prorrogó una hora la apertura de los colegios. La participación parecía inferior a la de las legislativas del 2011. La Junta Militar evitó dar un porcentaje, pero indicó que la participación de los dos días de votación será de entre el 50 a 60 %, y dio hoy día libre a los funcionarios para que voten.

Con 80 millones de habitantes, el 40 % de ellos bajo el umbral de la pobreza, los motivos para el voto varían de barrio a barrio. En Abou el Soughl, barrio popular del Egipto antiguo, el voto era principalmente islamista. Descalzos y chupeteando caramelos, un puñado de niños juegan entre un montón de basura, divertidos por el vaivén de los vecinos que hacen cola para votar. Al abalanzarse sobre la cámara se llevan manotazos de los transeúntes. «No queremos que fotografíen este barrio. Luego dirán que esto es Egipto: pobreza, basura y miseria».

Calles sin asfaltar, casas medio derruidas y un enjambre de parabólicas dejan paso a un sinfín de edificios nuevos, ladrillos al descubierto, construidos a toda prisa durante la revolución aprovechando el caos y la ausencia de la burocracia. Un grupo de señoras limpian verduras sentadas en el suelo. Huda votará al candidato de los Hermanos Musulmanes. «Somos gente analfabeta. La revolución nos ha enseñado que hemos sido tratados injustamente y he votado para que mis hijos tengan una oportunidad y mi marido un trabajo», comenta rodeada de sus seis vástagos.

A diez minutos en coche se encuentra el nuevo Egipto, con el barrio de Heliópolis, cuna de la clase media-alta que en los últimos años ha crecido considerablemente. Dina luce gafas de sol Gucci y un velo de seda azul a conjunto con el bolso. Es informática y temerosa de los islamistas, su voto va para Hamdin Sabahi, el naserista que muchos ven como una tercera vía frente a los islamistas y los fulul (miembros del antiguo régimen).

«No votes fulul, respeta la sangre de los mártires», reza el cartel que sostiene Lutfi, que con 17 años, muy a su pesar no puede votar. En voz baja, Rami discrepa: «Soy cristiano, y votaré al fulul Ahmed Shafiq porque la opción islamista es peligrosa. Uno de los pocos incidentes fue el lanzamiento de piedras y zapatos contra el vehículo de Shafiq cuando salía de un colegio electoral.

Mustafá, profesor universitario, rehúsa revelar su voto. «No importa a quién vote. Tengo 55 años y hoy voto por primera vez. Y, por primera vez, no sé quién saldrá elegido», concluye.