España vivió ayer el que sin duda pasará a los anales como uno de los días más negros de su historia económica. La furia del ataque al que se vio sometida en los mercados fue tal que hasta Bruselas tuvo que salir en su ayuda. Dos fueron los balones de oxígeno que puso sobre la mesa el Ejecutivo comunitario para sofocar el incendio. Dijo que está dispuesto a abrir la mano en el sacrosanto capítulo del déficit y concederle a Rajoy un año más para embridar el déficit en el soñado 3 %, siempre claro que los Presupuestos sean convincentes, y abrió la puerta a la posibilidad de que los bancos con problemas puedan acudir directamente al fondo de rescate europeo a llenar las alforjas de capital, sin necesidad de que el Estado interceda por ellos. Sería un paso de gigante para el maltrecho sistema financiero español y, por supuesto, para las finanzas del Estado, que se evitaría así tener que sufragar el saneamiento de las entidades en apuros llamando a la puerta de un mercado que le exige precios prohibitivos por prestarle dinero.Alivio efímero
No bastó. Lo único que logró Bruselas con su capote fue una efímera tregua. Sobre todo porque en el capítulo de la banca, el que más preocupa a los inversores en estos momentos, los mercados interpretan que lo de Bruselas no es más que un brindis al sol. Primero, porque las reglas que rigen el funcionamiento del nuevo salvavidas europeo, que entrará en vigor el próximo 30 de julio, no contemplan tal posibilidad. Está confeccionado para prestar dinero a los países, no a sus bancos. Y, segundo y más importante, porque las buenas intenciones de la Comisión chocan con la férrea oposición de Alemania y su fiel aliada Finlandia, que ayer se apresuraron a dejar claro su rechazo. Con la Iglesia hemos topado.
Así las cosas, y tras un pequeño respiro, que la prima de riesgo aprovechó para bajar desde los 540 a los 525 puntos y el Ibex para reducir considerablemente las pérdidas que arrastraba desde primera hora de la mañana, los mercados volvieron a lo suyo: vapulear a España con la vista puesta en el polémico y multimillonario rescate de Bankia, del que todavía no se sabe cómo se va a financiar. Es precisamente la ceremonia de la confusión en la que está envuelto el reflotamiento de la cuarta entidad financiera del país lo que ha desbocado la prima de riesgo española. Algo a lo que ayer contribuyó el BCE. Primero, tardando lo suyo en salir al paso de las informaciones que apuntaban a su negativa a respaldar el plan de Rajoy de cubrir el agujero de Bankia con deuda. Después, admitiéndolo. Y, finalmente, desmintiéndolo. Todo un ejemplo de organización de la máxima autoridad monetaria en un momento en el que cualquier cosa dispara las alarmas e incendia los bonos españoles.
Nuevo récord histórico
El resultado, que la prima de riesgo firmó otro récord histórico, el enésimo, esta vez en 540,6 puntos, aunque cerró en 539,3, con la rentabilidad del bono a diez años al borde del 6,7 %, todavía lejos del listón del 8 % por encima del que deambulaban los títulos griegos, irlandeses y lusos antes de que sus Gobierno pidieran auxilio a sus socios.
En el caso del Ibex, el día acabó con un nuevo varapalo: del 2,58 %, hasta los 6.090, 4 puntos. Un varapalo que se suma al del lunes ( 2,17 %) y al del martes (2,34 %).