El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, demostró ayer tener muy claro que la peligrosa situación que viven los países periféricos, como España, no es culpa de la intitución que dirige y, por tanto, no le corresponde intentar paliar los ataques de los especuladores.Haciendo oídos sordos a los que le piden una actuación de política monetaria urgente para calmar a los mercados, Draghi hizo una declaración que más que de un líder europeo parecía de Poncio Pilatos lavándose las manos. «¿Puede el BCE llenar el vacío de la falta de acción de los gobiernos en el frente presupuestario? La respuesta es no, no es nuestra obligación, no está en nuestro mandato. ¿Puede el BCE llenar el vacío de la falta de acción de los Gobiernos en el frente estructural? De nuevo la respuesta es no, las reformas estructurales no tienen mucho que ver con la política monetaria», dijo Draghi, para añadir: «¿Puede el BCE llenar el vacío dejado por la falta de gobernanza en la eurozona? La respuesta es no».
Así de contundente se mostró al responder al eurodiputado español del Partido Popular Pablo Zalba que le interrogó sobre qué más puede hacer el Gobierno cuando los mercados no aprecian las reformas ambiciosas que se le han pedido.
Para el presidente del BCE, lo que falta es que los jefes de Estado y de gobierno «aclaren su visión sobre el futuro del euro» y vuelvan a hacer lo que se hizo en 1988, cuando se dibujó la hoja de ruta para alcanzar la unión económica y monetaria. «Muchos gobiernos están nadando a contracorriente para cruzar un río cuya otra orilla no ven por la espesa niebla. Hay que disipar esa niebla», dijo, y eso es lo que hará que la prima de riesgo baje.
Draghi señaló que tiene que avanzarse hacia una auténtica «unión bancaria», tal y como presentará la Comisión Europea el próximo 6 de junio, en la que se propondrá la creación de una garantía comunitaria para los depósitos de los ahorradores, una supervisión bancaria común y que los bancos con problemas puedan acceder a financiación europea para que el contribuyente no termine pagando la factura de las malas gestiones.
Con todo, el presidente del BCE suma ya doce semanas sin haber retomado el programa de compra de bonos, pese a que la prima de riesgo de España haya alcanzado los 540 puntos. El primer ministro italiano, Mario Monti, se unió ayer al coro de voces que piden al BCE que actué para calmar a los mercados y reclamó a Alemania que permita crear rápidamente mecanismos para frenar el contagio de la crisis de deuda. En un golpe de efecto, alertó incluso que, de lo contrario, los países periféricos no proseguirán con la consolidación fiscal.