jueves, 7 de junio de 2012

El hombre que se ilustró a sí mismo


Es la exagerada necesidad de etiquetas la que ha colgado sobre la figura de Ray Bradbury el cartelito de autor de ciencia ficción, signifique lo que signifique, o escritor de género. Maneras de negarle implícitamente la amplitud de sus relatos y la variedad de sus géneros. Bradbury (Illinois, 22 de agosto de 1920) falleció ayer en Los Ángeles dejando tras de sí una larguísima lista de títulos entre los que han sobresalidoCrónicas marcianas y Fahrenheit 451. Series de televisión, obras de teatro, guiones de cine, Bradbury cruzó el siglo XX extendiendo la escritura literaria a otros soportes.
Nacido en Illinois, se trasladó con su familia a California, pero no pudo cursar estudios superiores y decidió formarse desde la lectura. Una decisión que le imposibilitaba para ser científico, pero no para fantasear sobre lo que la ciencia puede hacer, la influencia que puede tener o sobre cuál será el futuro de especie humana con la tecnología de por medio o sin ella.
La lectura lo condujo a la escritura y su primer libro de relatos,Crónicas marcianas, publicado en 1950, alcanzó un éxito que le permitió continuar con la escritura como actividad principal, aunque ese mismo éxito lo llevó a trabajar en otros géneros: fue guionista para John Huston y escribió programas de televisión.
La faceta cinematográfica de Bradbury, pese a ser casi tan grande como la literaria, es mucho menos conocida. En lo que respecta a la literaria, el escritor aseguró siempre no sentirse un autor de novelas de ciencia ficción y prefería buscarle otra dimensión, más moral, al conjunto de su obra. Se definía a sí mismo como «un velocista más que un corredor de fondo». Eso le contestó a un editor delante del original de Crónicas marcianas cuando este le preguntó si no escribía novelas.
Historias biográficas. Algunas de esas historias biográficas las cuenta el escritor en el libro Bradbury habla, que en su subtítulo aclara algo acerca de la posición que tenía el autor con respecto a su obra: «Muy cerca de la caverna, muy lejos de las estrellas». Los libros de relatos son una parte fundamental de la bibliografía del escritor, quizá por encima de las novelas, aunque finalmente fue una narración larga la que alcanzó una dimensión que trasladó al escritor del retablo de los autores de género al de los autores de género con capacidad interpretativa.
Distopías. Ray Bradbury pensaba que los libros arden bien y tenía claro cuál es la temperatura de ignición. Con Fahrenheit 451, la novela que François Truffaut convertiría en largometraje con más convicción que fantasía, el escritor se suma a esa nómina de novelistas que escriben sobre un futuro peor (Orwell, Huxley...) y consiguen convertir sus ficciones en referentes universales de lo que no debería ser.
Cine. La vida cinematográfica de Bradbury transcurrió entre la escritura de guiones y las adaptaciones de sus obras al cine, en las que él no participó. Como guionista, una de sus intervenciones bien conocidas fue Moby Dick. Dirigida por John Huston, guionista y director no estaban muy de acuerdo sobre la historia. Parece que hubo acuerdo final para la obra maestra. En las versiones que se hicieron de sus obras, Bradbury no fue el más afortunado. Más allá de Truffaut, la versión de Crónicas marcianas, protagonizada por Rock Hudson, o El hombre ilustrado, dirigida por Jack Smight, se quedaron un poco cortas de intenciones en relación con lo escrito. Aunque su argumento para Llegó del más allá se ha convertido en otro clásico del género.
Con mejor aire salieron las versiones de los relatos para series que, aunque hoy parezcan cartón piedra, se han convertido en legendarias, por ejemplo aquellos que acabaron en En los límites de la realidad.