jueves, 15 de marzo de 2012

Santorum mantiene su desafío a Romney


Una batalla abierta entre la "elegibilidad" y la "ideología". Con esos dos motes se expresa ahora la inagotable interna del Partido Republicano, luego de que dos nuevos triunfos del conservador Rick Santorum, en Mississippi y Alabama, fortalecieron su candidatura como apuesta del partido para las presidenciales contra Barack Obama y desnudaron, una vez más, la persistente debilidad del moderado Mitt Romney como "favorito" en la contienda.

Era previsible un triunfo de Santorum en esos dos estados sureños y de raíz conservadora. Pero la sorpresa fue que su cosecha resultó mucho mejor de lo esperado, mientras que, en el otro extremo, la derrota de Romney tuvo el peor de los perfiles: salió tercero, por detrás, incluso, del también conservador Newt Gingrich.

"¿Qué candidato puede autoproclamarse favorito y elegible cuando tiene tan malos resultados y sale tercero en dos internas cruciales?", se ufanaba ayer Santorum, cada vez más confiado y cómodo en su posición de principal alternativa del hombre al que todos consideraban el "candidato inevitable". En Mississippi, Santorum ganó con el 33%, mientras que Gingrich se colocó segundo, casi con el 31%, y Romney concluyó tercero, con el 30%. En Alabama, su ventaja fue aún mayor. El ex senador por Pensilvania cosechó el 35%, mientras que Gingrich y Romney empataron con el 29%, aunque este último, con 1800 votos menos, en la última posición.

"Lo volvimos a hacer, de modo que, ahora, vamos por todo", celebró Santorum, al borde del éxtasis. "La verdad, parece un hombre dando manotazos de desesperado en su campaña", replicó Romney.

A esta altura, la interna republicana parece una puja de matemática y geografía. Los equipos de cada candidato no hacen sino sacar cuentas de cuántos delegados tiene cada uno y de qué estado puede serles más favorable en la próxima cita.

Sin disimulo, Santorum espera empujar al conservador Newt Gingrich fuera de competencia para quedarse con el votante más derechista del partido. "Es hora de que los conservadores nos unamos", dijo. Pero, pese a que Gingrich lo tiene ya muy difícil, sigue sin darse por aludido.

"No pienso bajarme de esta competencia y seguiré en ella hasta el final", aseguró el ex titular de la Cámara de Representantes.

En los hechos, ambos se asociaron tras una sola idea: demostrar que la candidatura de Romney "no es inevitable". O, por lo menos, no tan claramente, y hasta ahora lo están consiguiendo..