
Desde octubre no olfateaba tan cerca el liderato, con un solo punto de déficit, aún pendiente el derbi del Calderón. Apenas un suspiro para el Madrid y un buen trecho para Guardiola, que tampoco cambiará su mensaje pesimista tras la goleada ante el Getafe, con Alexis, Messi y Pedro como artífices. Un hermoso ejercicio futbolístico, con el once más ofensivo posible, que incluso desperdigó múltiples ocasiones por el camino.
No cabían más delanteros y menos defensas en el equipo de Guardiola. Cuenca, en la derecha, Pedro al otro lado, Alexis de boya y Messi allá donde acudieran las musas. Por no hablar de las contínuas apariciones de Xavi desde segunda línea o de los revoloteos de Iniesta. Atrás, en la línea de tres, ni Mascherano ni Adriano podían alardear del ADN de defensa puro de Puyol. Era firme el propósito de Pep: correr más y reír menos. Cualquier cosa antes que aquel primer tropezón del año, allá por noviembre en el Coliseum.
Cumplieron a rajatabla los chicos de Pep, en su mejor actuación desde el Pizjuán, hace mes y medio. Desde entonces no jugaban juntos de inicio Xavi, Iniesta y Busquets, los tres propulsores del corazón azulgrana, capaces de cualquier cosa con el balón en los pies. El vivísimo ritmo en la circulación es el mejor efecto disuasorio. Empotra al rival en su área, le aturde y desespera. Reduce su fútbol al absurdo y hace saltar por los aires todas las cadenas.
Todo esto lo sabía de sobra Luis García, aunque ni siquiera pudo evitarlo con el trabajo de Rubén Pérez, Juan Rodríguez y Casquero. Un trivote que se afanó en achicar los pasillos en el centro, allí por donde acostumbra el Barça a trazar paredes y jugar con taconazos. Antes del cuarto de hora, habilitado con el 'pechazo' de Messi, Alexis se cruzó en el área para definir el 1-0. Ahí terminó todo.