Treinta años después de su creación, el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ya tiene una auténtica sede principal. Y la tiene en A Coruña, donde hoy se abrirán las puertas del primer museo nacional ubicado en Galicia, que aspira a convertirse en el escaparate de la ciencia y la tecnología de España, tanto del patrimonio de su pasado como de los logros de su presente. Tras la larga espera, el estreno será a lo grande, con la presencia de los príncipes, Felipe y Letizia; la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela; el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, y otros representantes de la política, las instituciones, el ejército y la judicatura. «Va a ser una inauguración por todo lo alto, una inauguración de Estado», explica orgulloso el director e inspirador del museo, Ramón Núñez Centella, quien asegura que el edificio que ahora ve la luz «ha sido posible gracias a la participación de distintas instituciones y de partidos de distinto color político».
No hace falta entrar en el Muncyt, su nombre oficial, para acceder a las más de 300 piezas que alberga en sus 6.600 metros cuadrados. Ya en la plaza de acceso se puede observar una reliquia: la quimera ferroviaria, que tuvo su origen en un camión de cadenas. Nada más entrar en el edificio, en el recibidor, surge una avioneta colgando del techo que da la impresión que sobrevuela al visitante. Luego es en la primera de sus nueve plantas, de las que seis están dedicadas a exposición y una se abrirá a finales de año, donde existe una mayor variedad de contenidos: hasta seis ambientes diferentes divididos por cadenas colgantes del techo. La estancia más espectacular es la sala Mayúsculas, donde se aloja la primera linterna que funcionó con electricidad en la torre de Hércules, un antiguo surtidor de gasolina o el primer proyector de cine que vino a España. También se puede ver el primer acelerador de partículas construido en España. «Si no existiera este museo estaría tirado», apunta Ramón Núñez, quien aún recuerda lo complejo que fue recomponer las piezas.
Pero esto es solo el aperitivo de lo que ofrece un edificio luminoso y funcional que ya es un valor en sí mismo.