El líder del partido conservador Nueva Democracia, Antonis Samaras, anunció ayer que no pudo formar gobierno de coalición y que ha entregado dicho mandato al presidente del país, Karolos Papulias, para que ofrezca el mandato a otro partido o, en caso de fracasar éste, convoque nuevas elecciones, que no serían hasta junio.
“Hicimos todo lo que pudimos”, declaró Samaras. “Era imposible [formar un nuevo Gobierno]. He devuelto el mandato”.
Samaras, cuyo partido sumó la mayor cantidad de votos en las elecciones del domingo, recibió la primera opción para formar una nueva administración de parte del presidente Papoulias.
La coalición de izquierdas Syriza quedó en segundo lugar en los comicios parlamentarios, por lo que tendrá ahora la oportunidad de intentar la formación de un nuevo Gobierno. Papulias se reunirá hoy martes con el líder del partido, Alexis Tsipras.
Syriza, el partido revelación de estos comicios, con 52 diputados, está dispuesta a un “frente de todas las fuerzas de izquierdas”, con las que podría gobernar, pero una de estas principales fuerzas, el Partido Comunista de Grecia (KKE, marxista-leninista), que cuenta con 26 diputados, ya ha anunciado que no entrará al gobierno.
Gobierno “ecuménico”. Si todos los intentos se revelaran estériles, el presidente heleno ordenaría un Ejecutivo de amplia base o “ecuménico”, como se llama en Grecia –con representación de todas las fuerzas parlamentarias–, con el solo propósito de convocar nuevas elecciones en junio. Este escenario sería nefasto para la credibilidad de Grecia, cuya inestabilidad política podría acabar de hundir su economía y llevar al país a la bancarrota, pese a que ya se aprobó su segundo rescate.
Syriza defiende la permanencia de Grecia en el euro, pero no a cualquier precio. Como señala el diario español El País, la cuota que tendría que pagar sus socios europeos es la incorporación de una clausula en el plan de austeridad que le impuso Bruselas que garantice medidas de crecimiento, no sólo control de la deuda.