Pueden parecer muchos, pero 24 autorretratos en un catálogo total de más de 4.000 obras es un porcentaje escaso. En especial, si se compara con otros autores de su tiempo (Ignacio Pinazo, sin ir más lejos) o con grandes de la pintura, como Goya o Picasso, obsesionados por su imagen.
No quiere decir ello que a Joaquín Sorolla no le preocupara salir favorecido y que en buena parte de estos cuadros -los de la última etapa, especialmente- se sitúe socialmente, al mostrarse bien vestido, con sombrero y cigarro. Pero la cifra y la manera de pintarse muestran a un Joaquín Sorolla tímido, algo que puede chocar con la imagen actual del artista de éxito internacional. "Al principio se emborrona en el cuadro, como pidiendo perdón por salir. Sólo con el triunfo aparece con un aire nítido", explica el profesor Facundo Tomás.
Incluso en uno de los últimos lienzos propios en los que aparece (El Patronato del Museo del Greco, en torno a 1920), "se refugia tras el marqués de la Vega Inclán", añade otro experto en Sorolla, Felipe Garín. Quizá por modestia, quizá por el peso de los personajes que le acompañan en la tela (Alfonso XIII y el fundador de la Hispanic Society, Archer M. Huntington, entre otros).
Tomás y Garín participaron ayer en la presentación del último producto de la Institución Joaquín Sorolla de Investigación y Estudios. La exposición Pintar y amarte (hasta el 3 de junio) en el gabinete dedicado al pintor en el Centre del Carme de uno de los autorretratos menos conocidos del artista -fechado en 1912 y propiedad de la familia, solo se ha exhibido en cinco ocasiones; la última en la inauguración del IVAM en 1990- es la excusa para lo más relevante: un estudio monográfico de Isabel Justo sobre este subgénero en la obra de Sorolla. Es la primera vez que se reproducen juntas las 24 ocasiones en que se retrató a sí mismo. En cuatro de ellas está dentro de un grupo (con la familia o personajes de su tiempo). De las 20 restantes, ocho son obras definitivas y nueve, trabajos preparatorios.
Un dato que incide en esa escasa voluntad de mostrarse es que 11 de los 24 están en el Museo Sorolla de Madrid (fueron pintados, por tanto, para la familia). Son todas obras "fuera de mercado", señala Justo, exentas por tanto de un hecho que ayer destacó Tomás: las iniciativas valencianas de los últimos años por Sorolla "han multiplicado por cinco" el precio de sus obras. Por otra parte, Garín descartó una "gran exposición" sobre el artista en el futuro inmediato. Por su coste, dijo, y por la cercanía de la antológica del Museo del Prado.