El incremento de la violencia en Siria, donde un doble atentado dejó 55 muertos y centenas de heridos este jueves en Damasco, empuja al país hacia la guerra civil y podría poner fin a la misión de observación de la ONU, estimaron los analistas. "El ciclón de la guerra civil está arrastrando a Siria, ante una comunidad internacional que no asume sus responsabilidades", afirmó Jattar Abu Diab, profesor y politólogo en la Universidad Paris-Sur. (Leer: Al menos 55 muertos y 372 heridos dejan dos explosiones en Damasco).
El ya debilitado plan para salir de la crisis, trazado por el emisario Kofi Annan, sufrió este jueves un nuevo revés con el doble atentado de Damasco, el más cruento desde que comenzó la sublevación contra el régimen de Bashar al Asad, en marzo del 2011.
La tregua, que en teoría entró en vigencia el 12 de abril, "no ha sido respetado, la población no ha sido autorizada para manifestarse libre y pacíficamente y los prisioneros políticos no han sido liberados", destacó Abu Diab, refiriéndose a los seis puntos del plan Annan.
Sin alternativa en vista al plan Annan, Siria se encuentra "en un callejón sin salida", destacó el especialista. Desde el 12 de abril, la violencia de la que se acusan mutuamente el régimen y la oposición, ha dejado más de 900 muertos en todo el país, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).
Esta semana, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, dijo que temía "una guerra civil de gran envergadura con efectos catastróficos para Siria y la región" si no cesa la violencia. También destacó que la explosión que se produjo el miércoles al paso de un convoy de observadores de la ONU en Deraa (sur) podría poner en entredicho la misión de las Naciones Unidas en ese país.
Según Peter Harling, del International Crisis Group, uno de los problemas es que "Occidente apoya una misión en la que no cree".
Este experto considera que Siria vive "una diversificación de la violencia" con atentados, asesinatos programados y enfrentamientos armados, muchas veces en el interior mismo de la capital. "Pensando en Argelia en los años 90, a menudo la pregunta era quien estaba detrás de la violencia, pero casi nunca se obtenía la respuesta correcta", estimó Abou Diab.
En Argelia, la anulación de las primarias legislativas plurales en diciembre de 1991, que el Frente islámico de Salvación (FIS) iba a ganar, sumió a Argelia en una serie de violencias que dejaron casi 200.000 muertos.
Para ciertos expertos, el régimen sirio explota esta incertidumbre acerca de los verdaderos instigadores de los ataques para tratar de convencer una vez más que Al Qaida, los servicios secretos extranjeros o los países del Golfo están detrás de todos ellos.
"Evidentemente, la revolución siria no tiene nada que ver con Al Qaida o con los países del Golfo", destacó Paul Salem, director del Centro Carnegie para Medio Oriente. "Sólo está vinculada con la población siria, que no soporta ya más la situación, al igual que numerosos ciudadanos del mundo árabe y que reivindican sus derechos", comentó.
"Desde el primer día, el régimen ha respondido a las protestas con la guerra", dijo Salem. "Creó una guerra y probablemente terminará por sufrir las consecuencias", agregó. (Ver imágenes explosiones en Damasco).
Según el experto, la situación es también compleja porque mezcla dos dinámicas: por una parte una revuelta contra un régimen autócrata y por la otra las tensiones religiosas entre sunitas y alauitas.
En Siria, un país de múltiples confesiones religiosas, vive una mayoría de musulmanes sunitas y una importante minoría alauita, rama del chiísmo a la cual pertenece buena parte del clan Al Asad.