lunes, 25 de junio de 2012

Rajoy se entrega a las tesis de Francia e Italia para ahuyentar la imagen de país intervenido


Mariano Rajoy ha celebrado un fin de semana algo más relajado que los anteriores. En los últimos siete días, desde su llegada a Los Cabos, en México, para participar en la cumbre del G-20, la sucesión de acontecimientos parece haber dado una tregua que permite al presidente de España esquivar la imagen de país intervenido y sometido al designio de sus socios de Europa, con la inflexible Alemania a la cabeza. Sin embargo, el plan de rescate para la banca española, cuya solicitud formal para recibir los 62.000 millones de euros se cursará este lunes, es la losa que puede colocar al país al borde la intervención.
A pesar de que a lo largo de la semana pasada la prima de riesgo española llegó a tocar los 600 puntos básicos, la minicumbre celebrada en Roma el viernes pasado ha dejado un buen sabor de boca al político gallego. El compromiso adquirido por el triunvirato Alemania-Francia-Italia por llevar a cabo un plan de estímulo para la economía de la eurozona por valor de 130.000 millones de euros (un 1% del PIB de Europa) ha cambiado el gesto de Mariano Rajoy, sabedor de que los males de España sólo pueden solventarse con la recuperación de la economía doméstica y la anhelada creación de empleo.
La presión global sobre Ángela Merkel ha hecho cambiar a Mariano Rajoy su estrategia política. Después de que el propio Barack Obama y el FMI, con las grandes potencias emergentes detrás, conminaran a la canciller alemana a que relajara su duro programa de condiciones de austeridad para contribuir al rescate del euro, el presidente de España no ha dudado en desvincularse de las tesis de Alemania, con las que estaba firmemente convencido tras su llegada el Gobierno, y en abrazarse a la corriente que impulsan ahora el socialista francés Hollande y el italiano Monti, los nuevos socios improvisados de España.
La satisfacción de Rajoy tras la cita de Roma tiene que ver con el compromiso de los tres mandatarios por salvar al euro. España sigue agarrada al salvavidas de la moneda común, convencida de que por la importancia de nuestra economía dentro de la eurozona (España representa el 12% del PIB de Europa) no nos pueden dejar caer y que por tanto se utilizarán "todos los mecanismos que sean necesarios para garantizar la estabilidad financiera", como anunció Hollande. Es decir, desplegar las políticas monetarias necesarias para evitar el estrangulamiento financiero de nuestro país, con niveles de deuda insostenibles.
Mientras aún se discute cómo articular la intervención de Bruselas para garantizar liquidez a los países acorralados, bien sea con la compra de bonos a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEES) en el mercado secundario, como ha propuesto Monti, o a través del propio Banco Central Europeo, como ya se ha hecho en el pasado "en circunstancias excepcionales", España coge aire. A pesar de esta falta de concreción, los mercados han dado un respiro el cuestionado proyecto de Europa y la prima de riesgo española cerró la semana por debajo de los 500 puntos básico. Bastó el compromiso genérico sellado en Roma.
Evitar que el rescate a la banca compute como deuda
El principal escollo al que Rajoy tiene que hacer frente es al rescate de la banca española. Obligado a solicitar el plan de ayudas, el presidente español no ha conseguido lograr que el crédito de hasta 100.000 millones habilitado por el Eurogrupo vaya directamente a los bancos sin pasar antes por el FROB, es decir, por el Estado, mediación que hace ineludible que la inyección compute como deuda pública, una situación que puede tensionar aún más las finanzas del Estado y complicar la financiación del déficit en el mercado. Pero en este punto, Merkel no ha transigido. Habrá dinero y apoyo, pero a través del Estado.
La resistencia de Alemania a esta vía ha sido aplastante. Por un lado, porque los tratados de la Unión Europea no lo permiten. Por otro, porque es el Estado español quien tiene la responsabilidad y la capacidad para controlar a sus propios bancos, actuando como garante ante el Eurogrupo de que las entidades financieras rescatadas cumplen los requisitos impuestos a cambio de la ayuda. Además, nadie niega que parte del apoyo está condicionado a algunas exigencias macro, como el aumento del IVA, la eliminación de la deducción por vivienda o el anticipo en el calendario de retraso de la edad de jubilación.
Obligados por la fuerza de los acontecimientos, la cuestionada Europa se convence así misma de la necesidad de avanzar a pasos agigantados hacia espacios de mayor unidad política. El más urgente y factible pasa por una unión bancaria y fiscal, que pasaría por la creación de una autoridad supervisora única y de un fondo común de garantía de depósitos. "Hemos hecho una apuesta clara y contundente por el futuro de Europa. Ha habido una apuesta indiscutible por la irreversibilidad del euro", se felicitó Rajoy al término de la cumbre de Roma. Salvada la primera bola de partido, España sigue jugando en el alambre.